¿Cómo enseñé a mis hijos a nadar?

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Vivimos en Puerto Rico, rodeados de bellas playas y con un clima de eterno verano, que hace que estemos más conscientes de la necesidad de enfocarnos a la natación de pequeños. Desde niño siempre me fascinó la playa y las actividades acuáticas. Como padre, ha sido importante para mí enseñarle a mis hijos cosas básicas sobre la natación y la seguridad en el agua. Cuando mi hija mayor era bebé, compré una piscina plástica de 32 pulgadas de alto que pude usar para enseñarle a flotar a ella y a su hermano. En esa piscina mis niños tocaban el fondo con sus pies, lo que les daba más confianza. Te comparto cómo fue el proceso de enseñar a mis hijos a nadar desde que eran bebés:

  1. Lo primero fue acostumbrarlos a la sensación de estar en un tanque de agua. Los metía a la piscina todos los días y los cargaba y sostenía en diferentes posiciones. Les ponía los pies en mi vientre, los tomaba de las manos y echaba sus cuerpos hacia atrás. También con ellos en el agua me ponía a brincar en mis rodillas. Siempre les ponía un salvavidas tipo chaleco, lo cual los ayudaba a flotar.
  2. Después les enseñé a aguantar la respiración y a no tragar agua, mostrándoles cómo yo lo hacía, inflando mis cachetes y sumergiendo la cabeza. Luego, yo los sumergía bien rápido en el agua y los levantaba para que ellos fueran aprendiendo. Si tragaban agua les mostraba que eso no era motivo para asustarse, pues si tú te asustas, ellos desarrollarán miedo y tendrán una actitud negativa.
  3. Les enseñé cómo flotar, sosteniendo con mis manos sus cuerpos de espaldas en el agua. Siempre les dejé sentir que contaban con mi ayuda y después de muchos ejercicios, ellos lograban flotar por cuenta propia.
  4. Cuando ya dominaron lo suficiente aguantar la respiración y flotar, los puse a sumergirse y pasar entre mis piernas como si fuera un túnel para que movieran las manos y los pies debajo del agua. Con los salvavidas fuimos a una piscina grande donde desarrollaron el sentido de flotar y moverse sin tener que tocar el fondo.
  5. Cuando ya tenían tres años, les cambiamos el salvavidas de chaleco por flotadores de los brazos para que siguieran practicando sus destrezas de natación, como mantener la estabilidad en los pies y las manos.

Aprender natación de pequeños es un proceso divertido y más fácil que cuando se es adulto. La natación ayudó a nuestro hijo a superar la debilidad pulmonar que mostró al nacer y que hizo que pasara todo su primer año de vida con asma. Ponerlo a nadar debajo del agua hizo que ejercitara sus pulmones y éstos se fortalecieron al punto que nunca más padeció esa condición. A los cuatro años lograron practicar snorkel, algo que me hizo sentir muy orgulloso y feliz. Ahora son unos nadadores y ya saben manejar su comportamiento en el agua sin flotador.

Nota: Ésta es mi experiencia personal en cuanto a la natación de pequeños y no constituye el consejo de un experto en natación y seguridad en el agua.